(Fragmento de novela)
Desde niño le gustaban los juegos sexuales. Cuando pequeñito, entre todos, hembras y varones, se besaban, abrazaban, tocaban, etc. como veían en las películas o simplemente como creían que eran estas cuestiones entre los adultos, según lo habían presenciado o como alguno decía que sabía eran esas cosas.
Pero no se le olvidaba aquella vez que su hermano mayor, su primo y su prima, debajo de una cama, se pusieron a jugar a eso. Le decían que se incorporara, pero no quiso. Sintió temor. Quizás institntivamente presintió que si los adultos no querían que ellos jugaran de esa manera, no debía correr el riesgo. Era lo prohibido y a la vez encantador, cual imán que atrae o repele poderosamente.
Y de buena se salvó. Su tío menor, quien era apenas un adolescente, se acostó debajo de la otra cama, como solía hacer por las tardes, dado el sofocante calor veraniego santiaguero. Al poco rato se levantó y le fue con las quejas a sus hermanos y cuñadas, quienes de inmediato les dieron tremenda paliza a los implicados, en medio de gran escándalo.
Tuvo que repetir muchas veces que él no estaba jugando con ellos y su tío lo confirmó. De lo contrario, en sus muslos, nalgas, brazos y cualquier otra parte de su cuerpo, habrían quedado bien visibles, las huellas de los golpes dados por aquellos encolerizados adultos, de una época en la cual todavía las personas mayores en Cuba no poseían una adecuada educación sexual, ni la ciencia había avanzado tanto, como para que ellos supieran que los menores estaban haciendo algo muy normal para su edad y que con algunas explicaciones sencillas bastaban, en vez de prácticamente traumatizarlos.
Fue entonces cuando se percató que era menos riesgoso tener juegos sexuales entre quienes tienen algo colgando en las entrepiernas. A ellas siempre les estaban recordando: "las hembras no juegan con los varones". En esa película a los del llamado sexo fuerte les tocaba ser los malos.
Como éran machos, no constituían mucha preocupación para sus progenitores y podían estar mataperreando, jugando pelota, fútbol u otro deporte de moda o a las bolas, al escondido, al agarrado, dominó, cartas, ajedrez, damas, parchís, a la bolita, al trompo y a cuanto se les ocurriese, mientras no estuviesen jeringando.
Pero aquellos juegos, de tan exitantes y cautivantes por el mágico toque de los "no se puede", se fueron convirtiendo en inequívoca adicción, sabiendo con absoluta claridad con quienes sí y con quienes no, cuándo, dónde y cómo eran las cirunstancias propicias para tener las erecciones, rozarse los penes, sin sacarlos de las portañuelas o entrando en contacto directo con el del primo, vecino o amiguito de la escuela, hasta que llegó el momento en que parecían mearse de tanto placer.
Las lecturas clandestinas de algunos libritos pecaminosos bien escondidos en el escaparate de su abuela paterna y deducciones obtenidas de las clases de biología sobre la reproducción, le permitieron rectificar el error de confundir el orine con el semen. "¡Ya meaba dulce!" como decían los adultos para referirse a este de tantos tabúes. Hasta algún que otro muchacho llegó a probar lo excretado por su meato para saber si seguía siendo amargo o ya no.
Su miembro viril había crecido mucho más que el de los otros de su edad y hasta era bastante mayor no sólo que el de otros adolescentes y jovencitos, nacidos varios años antes, sino que empezó a percatarse que los adultos también la tenían de menor tamaño que la suya. Sus padres se sentían orgullosos de aquello., pasando a ser comentario frecuente entre tías y tíos, primas y primos, quienes le miraban con disimulo esa parte de su anatomía.
Por supuesto que tuvo que dejar de usar pantalones cortos, pues se le salía por debajo. Y los largos, con la moda, eran muy ajustados al punto de marcarse a un costado del muslo cuan larga y gruesa era su atractiva verga, incluso en estado fláccido, sin erección.
(continuará)
Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela Pinguero es la primera de una trilogía. Le siguen MA CONCEPCION y MATIAS.
La pirámide creativa.
-
¿Si en lugar de una rejilla (Vea en este mismo blog el artículo La rejilla
creativa) usáramos una pirámide, en cuanto a la cantidad de sujetos, en qué
luga...
Hace 4 días

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada