miércoles 28 de enero de 2009

Pinguero (2)

(Fragmento de novela)

Desde niño le gustaban los juegos sexuales. Cuando pequeñito, entre todos, hembras y varones, se besaban, abrazaban, tocaban, etc. como veían en las películas o simplemente como creían que eran estas cuestiones entre los adultos, según lo habían presenciado o como alguno decía que sabía eran esas cosas.

Pero no se le olvidaba aquella vez que su hermano mayor, su primo y su prima, debajo de una cama, se pusieron a jugar a eso. Le decían que se incorporara, pero no quiso. Sintió temor. Quizás institntivamente presintió que si los adultos no querían que ellos jugaran de esa manera, no debía correr el riesgo. Era lo prohibido y a la vez encantador, cual imán que atrae o repele poderosamente.

Y de buena se salvó. Su tío menor, quien era apenas un adolescente, se acostó debajo de la otra cama, como solía hacer por las tardes, dado el sofocante calor veraniego santiaguero. Al poco rato se levantó y le fue con las quejas a sus hermanos y cuñadas, quienes de inmediato les dieron tremenda paliza a los implicados, en medio de gran escándalo.

Tuvo que repetir muchas veces que él no estaba jugando con ellos y su tío lo confirmó. De lo contrario, en sus muslos, nalgas, brazos y cualquier otra parte de su cuerpo, habrían quedado bien visibles, las huellas de los golpes dados por aquellos encolerizados adultos, de una época en la cual todavía las personas mayores en Cuba no poseían una adecuada educación sexual, ni la ciencia había avanzado tanto, como para que ellos supieran que los menores estaban haciendo algo muy normal para su edad y que con algunas explicaciones sencillas bastaban, en vez de prácticamente traumatizarlos.

Fue entonces cuando se percató que era menos riesgoso tener juegos sexuales entre quienes tienen algo colgando en las entrepiernas. A ellas siempre les estaban recordando: "las hembras no juegan con los varones". En esa película a los del llamado sexo fuerte les tocaba ser los malos.

Como éran machos, no constituían mucha preocupación para sus progenitores y podían estar mataperreando, jugando pelota, fútbol u otro deporte de moda o a las bolas, al escondido, al agarrado, dominó, cartas, ajedrez, damas, parchís, a la bolita, al trompo y a cuanto se les ocurriese, mientras no estuviesen jeringando.

Pero aquellos juegos, de tan exitantes y cautivantes por el mágico toque de los "no se puede", se fueron convirtiendo en inequívoca adicción, sabiendo con absoluta claridad con quienes sí y con quienes no, cuándo, dónde y cómo eran las cirunstancias propicias para tener las erecciones, rozarse los penes, sin sacarlos de las portañuelas o entrando en contacto directo con el del primo, vecino o amiguito de la escuela, hasta que llegó el momento en que parecían mearse de tanto placer.

Las lecturas clandestinas de algunos libritos pecaminosos bien escondidos en el escaparate de su abuela paterna y deducciones obtenidas de las clases de biología sobre la reproducción, le permitieron rectificar el error de confundir el orine con el semen. "¡Ya meaba dulce!" como decían los adultos para referirse a este de tantos tabúes. Hasta algún que otro muchacho llegó a probar lo excretado por su meato para saber si seguía siendo amargo o ya no.

Su miembro viril había crecido mucho más que el de los otros de su edad y hasta era bastante mayor no sólo que el de otros adolescentes y jovencitos, nacidos varios años antes, sino que empezó a percatarse que los adultos también la tenían de menor tamaño que la suya. Sus padres se sentían orgullosos de aquello., pasando a ser comentario frecuente entre tías y tíos, primas y primos, quienes le miraban con disimulo esa parte de su anatomía.

Por supuesto que tuvo que dejar de usar pantalones cortos, pues se le salía por debajo. Y los largos, con la moda, eran muy ajustados al punto de marcarse a un costado del muslo cuan larga y gruesa era su atractiva verga, incluso en estado fláccido, sin erección.

(continuará)

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela Pinguero es la primera de una trilogía. Le siguen MA CONCEPCION y MATIAS.

domingo 18 de enero de 2009

MATIAS (2)

(Fragmento de novela)

Al fin estaba en la frontera. Era de noche y al mirar hacia el norte veía un infinito mar de luces.

Los desactualizados mapas desinformaban con los símbolos de ciudades con menor población de lo constatado al llegar allí, pues Reynosa debía rondar el millón de almas y su par del lado americano (Mc Allen y sus alrededores) parecía mayor aún, quizás con menor densidad.

Era emocionante saber que estaba a unos pasos del país en el cual, muy poco tiempo atrás ni soñaba vivir en él.

En unos meses, el deseo de acabar de dar este decisivo paso se había ido apoderando de todo su ser y estaba a punto de lograrlo.

¿Sería verdad que no le sucedería nada malo?

Sentía una rara mezcla de temor, incertidumbre, nostalgia y alegría.

No obstante, había decidio pasar al otro lado al día siguiente y esa última noche la dedicaría a caminar un poco por el zócalo, algunas calles comerciales, conocer un poco de la ciudad, recuperar energías descansando ya entrada la madrugada en la habitación del hotelito donde rentó y en la mañana compartir un rato con sus amigos mexicanos, para a la vez oír sus experiencias, opiniones, consejos sobre el paso tan importante a dar en unas horas.

Al día siguiente, durante el almuerzo, supo como hay cubanos quienes, por ignorancia, en vez de pasar el río Bravo o Grande caminado por el puente, se lanzan a nado o le pagan a algún dueño de bote para que los crucen, de tal manera que, pudiendo ingresar legalmente, lo hacían de modo ilegal, siendo detenidos, encarcelados, citados a corte, pagando fianza, abogados, etc. innecesariamente.

Se despidió de su amiga y antes de regresar al hotel, su amigo lo llevó a una pequeña y cercana plaza aledaña a uno de los puentes, por donde pretendía precisamente pasar al otro lado. Le echó un vistazo a todo el lugar y le pareció muy seguro. Pudo hasta ver la larga fila de autos y a algunos peatones por la acera, comprobando así hasta el más mínimo detalle de cuanto le habían descrito que le sucedería en pocos minutos a él mismo.

Su amigo le dejó en la puerta del hotel. Se bañó y cambió de ropa rápidamente. Terminó de colocar cada cosa en su lugar en su lijero equipaje (par de mochilas y un portafolios). Se dio ánimos a sí mismo y tomó un taxi para recorrer en breve las escasas cuadras hasta el punto fronterizo.

El taxista le pidió una cantidad excesiva, justificándose con tener una prole numerosa. Pero le pagó con gusto y hasta le dio casi todo el menudo que llevaba en el bolsillo.

Sin perder tiempo, caminó hacia el puente y vio el torniquete donde depositó los dos pesos mexicanos, con lo cual ponía fin a poco más de 18 meses plagados de contratiempos con algunas corruptas autoridades migratorias, totalmente irrespetusosas de la Constitución y las leyes de ese país.

También se llevaba muchos buenos recuerdos, gracias a las excelentes amistades que en la tierra de los aztecas hizo o ya tenía desde cuando vivía en Cuba.

Mas todo su ser se concentró en avanzar hacia ese esperanzador futuro representado por el estar caminando por la acera de aquel puente, en dirección a las oficinas migratorias norteamericanas, las cuales se divisaban en la otra orilla, a escasas dos cuadras. Fueron par de minutos muy largos, con emoción creciente y repletos de fe.

¿Qué tal le iría en la actual mayor potencia económica mundial, en el "monstruo", ese gran país autoproclamado modelo de democracia, libertad y respecto a los derechos humanos?

¡Cuán lejos estaba de sospechar la escasa duración de aquel cuento de hadas, en el cual creía cándidamente estar entrando para ser uno de sus felices protagonistas!

(continuará)

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MATIAS es la última de una trilogía. Le anteceden Pinguero y MA CONCEPCION.

jueves 8 de enero de 2009

MA CONCEPCION (2)

(Fragmento de novela)

- Necesito que me acompañes un momento al apartamento.

En pocos minutos le hizo saber los motivos de su preocupación. Su esposa desde hacía varios días estaba comportándose de manera muy misteriosa, como no solía hacer antes. Se iba desde temprano y no regresaba hasta tarde. La criada siempre respondía que no sabía nada, a pesar de ser uña y carne, con sus constantes cuchicheos, cual par de viejas comadres.

- Ya estoy terminando aquí en el hotel. Te llevo en el vocho y eso me servirá de pretexto para saludar a la sirvienta, comprobando lo que me dices.

De la contemplación del hermoso paisaje de esa bahía, tan vista en las películas y la tele, pasaron a recorrer parte del Acapulco Dorado, donde se levanta el hotel Playa Suits, junto al ultramoderno y bellísimo Crown, convertido en símbolo del cálido balneario. Fueron construidos como un solo complejo, antes de los dueños deshacer la asociación.

Dejaron la concurrida Avenida Costera con sus elegantes y altos edificios, para internarse en la colonia.

Poco después de llegar al cómodo apartamento de dos recámaras, ubicado en el propio pequeño edificio de apartamentos rentados, propiedad de MA CONCEPCION, le dijo a su amigo:

- Tienes razón. Algo raro está pasando aquí. Debes cuidarte mucho, porque me huelo que no es nada bueno.

Acercándose otra vez a la cocina dijo en voz más alta:

- Prepara un poquito aparte sin chile, para que el don también pueda comerlo y no le haga daño.

El almuerzo no estaba terminado todavía, a pesar de que ya eran pasadas las cuatro de la tarde. No obstante se comieron un poco de frijoles con arroz. Mientras, pensaba cuán difícil le estaba resultando a su amigo adaptarse hasta en algo tan elemental como la alimentación. Su hernia hiatal, gastritis y esofagitis crónica no se llevaban bien con el exceso de picante de la comida mexicana y en las mucosas de su boca se alcanzaban a ver algunas pequeñas ulceraciones, como claro síntoma de un verdadero iceberg digestivo.

- Yo creo que ella lo está haciendo intencionalmente, para que regreses a Cuba o te vayas para USA, en fin, te canses de todo esto. Te enamoraste de la mujer equivocada y lo peor es que te casaste con ella. Obviamente, MA CONCECPION no es la persona que creíamos.

- ¿Imaginas cómo me siento?

- En la mañana visítanos y almuerza con nosotros en la miscelánea. Sé que te gusta más nuestro menú binacional cubano mexicano. Pobre, pero hecho con corazón. Así podremos hablar más libremente. Sabes que a mí tampoco me va nada bien con mi mujer y sus celos.

Se miraron fijamente, con esa ternura inequívoca del enorme afecto que sentía el uno por el otro, en su ya larga y gran amistad, entremezclada con recíproca compasión, como si se acariciaran y apretaran, sin tocarse, para darse ánimos, pues a ambos les iba muy mal en sus respectivos matrimonios, aunque por razones muy diferentes. La vida como emigrantes en el país azteca estaba transcurriendo asemejándose muy poco a lo imaginado y esperado.

(continuará)

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MA CONCEPCION es la segunda de una trilogía. Le antecede Pinguero y le sigue MATIAS.

sábado 27 de diciembre de 2008

Pinguero (1)

(Fragmento de novela)

- Seguramente se puso un "mata pasiones" de esos que ya casi no se usan. ¡Vamos a virar pa' trás para volvérsela a ver!

- Eso no puede ser de verdad. ¿Será un relleno?

- No, chica. Mira que eres boba. Estos cubanos sí se mandan... Lo mismo negros, rubios, mulatos, chinos, trigueños, jabaos, indios, coloraos... Y este chinito engaña. Tienen fama de tenerla corta, pero este ya está mezclado y de entre sus piernas te encuentras con el muñecón de sorpresa, jajajajaja

- ¡Ay, mi amiga! ¡Si me empatara con uno así qué feliz sería! Este se ve bien machote y ricote.

Las tres locas continuaban yendo y viniendo de un lado a otro por la acera del Malecón. Al principio miraron con disimulo al solitario hombre joven que se había convertido en el tema central de sus pláticas e ilusiones.

Era de veras muy buen mozo y sobre todo, superdotado en aquella parte de su anatomía más deseada por los homosexuales.

- La tiene parada.

- ¡No mija! ¿Te imaginas? Si muerta le mide como 20 centímetros, cuando se ponga dura....

- Una vergota así debe doler...

- Esta mexicana se hace la inexperta. Seguro te las has metido más grandes y gordas.

- ¡No! ¡Qué va! ¡Pa' la chingada! ¡Hijueputa!

- Yo estoy acostumbrada a esas mandarrias. Mientras más grandes y gordas, más sabrosas. Y esa la voy a tener dentro también o me dejo de llamar Susy.

- Vamos Susano, no creo que el tipo sea pinguero como dices. Ni nos mira.

- Ya yo lo he visto otras veces aquí con algún "yuma". Y tú sabes muy bien que esta zona del Malecón, frente a la FIAT, es donde todos los extranjeros vienen a buscar pingueros y jineteras aquí en La Habana.

(continuará)

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela Pinguero es la primera de una trilogía. Le siguen MA CONCEPCION y MATIAS.

lunes 8 de diciembre de 2008

MATIAS (1)

(Fragmento de novela)

La sangre le brotaba de la cabeza como un manantial, pero ello no impidió que el otro continuara golpeándolo, a pesar de que el herido ni se defendía.

Ninguno de los presos intervino, dijo o hizo algo por separarlos, por evitar aquel enfrentamiento a todas luces desigual. Todo sucedió tan rápido. Nadie se quería buscar problemas.

MATIAS sabía que una intromisión en algo así podía hasta costarle la vida, pero estaba en juego la de otro ser humano, de continuar la golpiza. Y para el otro empeorarían las cosas si algo grave le ocurría al hispano.

Tanto el haitiano como el mexicano parecían muy buenas personas. Pero allí estaban, igual que MATIAS. A ambos les había tomado aprecio y temía por los perjuicios para los dos que aquella riña pudiera causarles.

Fue entonces cuando no lo pensó dos veces e intervino:

- ¡No le pegues más! ¡Mira cuánto está sangrando! You are a good man! Please.

Y el negro se contuvo. Fue como si hubiese estado ciego y de pronto recuperara la visión. O el retorno a la cordura luego de esa especie de locura instantánea descrita en los manuales y tratados de psiquiatría o psicología clínica.

Los carceleros, como en otras ocasiones, no se apresuraron. Tal parece que les da igual que se maten.

A pesar de todo, MATIAS estaba feliz. Quizás logró salvar una vida y evitarle sanciones mayores al agresor.

Dios sabe lo que hace - pensó -. Tal vez por eso me ha colocado en este infierno que inmerecidamente estoy vivendo.

(continuará)

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MATIAS es la última de una trilogía. Le anteceden Pinguero y MA CONCEPCION.

jueves 20 de noviembre de 2008

MA CONCEPCION (1)

(Fragmento de novela)

Cuando la inscribieron, nadie sospechó los inconvenientes futuros del errorcillo de no poner las cinco letras del virginal primer nombre con el cual la bautizaron.

Ahorrativo o descuidado, lo cierto es que hasta los signos de puntuación brillaron por su ausencia y en lugar de María como pronunció claramente Doña Ofelia, su progenitora, o Ma. según dice la Academia ser su abreviatura, quedó plasmado en el Registro Civil otra cosa conocida en nuestra castiza lengua como monosílabo. O sea, casi arribando al medio siglo de su existencia se enteró de su verdadero nombre: MA y no María.

Su enojo fue incontenible: "Esos burócratas cubanos quieren saber más que yo cuál es mi nombre. Para ellos no soy María sino MA", le contaba a sus amigas, ya con alguna sonrisita al correr del tiempo, mientras degustaba complacida algún manjar, a la vez imaginando cómo se tragaría cual fácil bocadillo al tonto pobretón de su marido.

- "Sí, tal y como oyen: MA, Eme A" - añadía regresando a la realidad de los olores y sabores del restaurante VIP de la concurrida avenida Costera de aquella hermosa bahía.

Las cejas arqueadas delataban los profundos y abundantes surcos de aquellas frentes acostumbradas a las buenas cremas para las enfermedades del alma (naque) y combinadas con las bocas de trasero de gallina, completaban el incrédulo y asombrado rostro del diminuto auditorio, ávido de los pormenores de lo acontecido a quien se había atrevido a emprender un proyecto aún quimérico para las otras.

Gastó más dinero del habitual y sobornó a cuanto se aprovechó del asunto en pro de lograr en todos los papeles solicitados para su maquiavélico plan matrimonial, la coincidencia con el mutilado MA CONCEPCION de su acta de nacimiento y suprimir la tríada formada con sus a todas luces preferidos María Concepción y Ma. Concecpión. Su futura víctima luego se preguntaría con cuál de las tres se había casado y hasta quizás ellas fuesen más. La pequeñez de un trío era demasiada para ella.

Lo mismo le sucedió para acreditar su soltería. Ninguna cantidad de dinero parecía suficiente para conseguir plasmar en los papeles "oficiales" lo exigido por la Consultoría Jurídica Internacional de La Habana y varios viajes a San Marcos (su natal ciudad), Chilpancingo (la capital del Guerrero Estado) y gestiones en la propia Ciudad y Puerto de Acapulco, el paraíso terenal donde vivía esta verdadera bruja escapada de algún cuento de Hadas, ante la cual las ficticias villanas de las telenovelas parecían niñas de teta.

(continuará)

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MA CONCEPCION es la segunda de una trilogía. Le antecede Pinguero y le sigue MATIAS.

jueves 15 de mayo de 2008

El planeta gay.

“Hacía mucho que se había extinguido el último hombre heterosexual. La prehistoria duró hasta mediados del tercer milenio.

A fines del segundo ya habían ciudades gay. No se sabe con certeza cuándo los gay pasaron a ser realmente la mayoría. Muchos no hétero fingían no serlo. Ocultaban públicamente sus verdaderas preferencias sexuales.

Por eso, antes de que se aceptara cada vez en más países, que los heterosexuales ya no eran la mayoría (pues las investigaciones científicas lo habían requetecomprobado) se estima que desde muchos siglos atrás, ya los no hétero eran los más, pero seguían creyendo que constituían la minoría.

Primero se aceptó en unos pocos países que había surgido una nueva mayoría en las preferencias sexuales. No pasó mucho tiempo para que esta tendencia se confirmara en casi todos los países, hasta que en el cuarto milenio se proclamó en el último lugar del mundo el fin del predominio de la heterosexualidad masculina.

Aunque todavía en el sexo femenino, las no hétero tardaron un poco en convertirse en mayoría también.

Nunca más los hétero recobraron el predominio numérico perdido.

Luego, cuando ya se veía que eran cada vez menos, se proclamó en el Congreso Mundial de Historiadores que la Era Hétero fue en realidad la Prehistoria de la Humanidad.

Parecía que el mundo había logrado un equilibrio entre la diversidad de géneros, donde ninguno predominaría otra vez. Pero no fue así.

El porciento de heterosexuales masculinos siguió decreciendo hasta que se extinguieron.

Se creía que entre los varones, los bisexuales perdurarían como el grupo más numeroso.

Aunque se le siguió llamando por tradición sexo masculino, la masculinidad era cada vez menor. Así, entre los varones, los homosexuales se convirtieron en mayoría.

Con el paso del tiempo, los varones bisexuales fueron decreciendo numérica y porcentualmente hasta que se extinguieron también.

Como consecuencia de la disminución primero, y posterior extinción, tanto de los varones heterosexuales como de los bisexuales, fue decreciendo entre las mujeres las heterosexuales y aumentando la proporción, primero de bisexuales y después de lesbianas, hasta que, a falta de hombres con los cuales fornicar, también dejó de haber mujeres heterosexuales y bisexuales.

A nadie le preocupó entonces que el mundo entero fuese homosexual. Lo veían como una consecuencia lógica del desarrollo de la humanidad y hasta acordaron cambiarle el nombre al planeta.

Cuando aún quedaban hombres heterosexuales y bisexuales, una creciente minoría de la humanidad continuaba procreando a la antigua, como en la prehistoria. Pero hasta la mayor parte de los todavía héteros o bi, prefería el adelanto y ventaja indiscutible de las fábricas de bebés.

¿Indiscutible? Así parecía, sin nadie atreverse a dudar o prever otra cosa.

Cada adulto, estuviese o no unido a otra persona, tuviese una u otra preferencia sexual, podía escoger qué bebés quería tener, con elevada precisión de un sinfín de características: color de piel, de cabellos, ojos, fomas de nariz u orejas, manos, pies, estatura, en fin, todo. La creatividad humana había logrado su más perfecto producto: fabricar los nuevos seres humanos según nuestros deseos y gustos.

Pero en el sexto milenio comenzó a surgir una preocupación. Inicialmente leve. Con posterioridad, en los últimos siglos, pasó a ser considerada de suma gravedad.

Los varones homosexuales activos también fueron decreciendo porcentualmente. Se veía como lógica consecuencia, por un lado de la extinción de los hétero y sobre todo porque se había pronosticado que todo varón moderno llegaría a disfrutar plenamente del sexo anal.

Se consideraba que el progreso podría llevar también a la extinción de los varones homoseuales activos, como había ocurrido con los varones heterosexuales y con los bisexuales activos cuando todos los varones se liberaran de esos “rezagos del pasado”.

Con la extinción de los activos, se creyó que los versátiles serían la gran mayoría y los homosexuales completamente pasivos, como siempre, seguirían siendo una minoría como había sido, tanto en la prehistoria como en la Era Moderna.

Pero no ocurrió así. Tampoco se cumplieron esos pronósticos. El número de pasivos ciento porciento crecía y crecía. El de versátiles, no sólo decrecía de manera preocupante...

Lo más alarmante era que, entre los cada vez más cotizados y proporcionalmente escasos versátiles, se estaban extinguiendo, primero los predominantemente activos (hasta su total extinción también) y luego, aquellos a quienes aún les gustaba, aunque fuese muy rara vez, hacer de activo.

En fin, llegó el momento en que los únicos versátiles sólo lo habían sido cuando muy jovencitos. Ya de aquello ni se acordaban y eran vistos por los demás como una rareza, cómo fósiles vivientes o bichos raros o seres atrasados.

Hasta que llegó lo que nunca nadie se había imaginado en los tiempos de felicidad por la Nueva Era y tantos progresos. No sólo se habían extinguido los versátiles por completo y desde hacía muchos siglos, ni de jovencito, varón alguno quería (ni podía) hacer de activo, sino que además, se había comprobado estadísticamente que el tamaño y grosor del pene se venía reduciendo dramáticamente de generación en generación.

Los científicos lo veían como lógico resultado de la falta de uso.

Los penes grandes sólo habían sido vistos en imágenes cada vez más antiguas. Hasta se dudaba por la mayoría que de verdad hubiesen existido varones con miembros tan grandes y gordos. Muchos no creían que de verdad esa parte de su cuerpo, cuyo único valioso uso para casi todos era para orinar, hubiese servido antes para alguna otra cosa.

Ya casi nadie se había masturbado usando el pene. Pocos eran también los que habían eyaculado alguna vez.

La impotencia masculina dejó de ser un trastorno milenios atrás, para pasar a ser considerada cada vez más normal y, lo infrecuente, la erección. Por todos era de sobras sabido que el placer anal se podía lograr sin erección alguna. Era una preocupación menos de la cual el progreso había librado a los varones.

El mundo gay se había acostumbrado no sólo a las fábricas de bebés, a los consoladores y a la extinción de toda variante de preferencias sexuales en la cual fuera menester el uso de algún pene real erecto, sino también únicamente a la masturbación anal, vaginal, al placer proveniente de la manipulación del clítoris, el punto G o la próstata.

Todo aquello de fornicar con mujeres era efectivamente algo que sólo se podía esperar de seres prehistóricos.

Esos penes grandes y gordos únicametne podían ser fruto de algún trucaje y seguramente nunca pene alguno fue tan bueno como un consolador. Estos sí eran del tamaño, grosor, color y forma que cada cual deseara. Era sin dudas otro gran invento. Una de las pocas cosas en que coincidían las hembras y los varones en cuanto al sexo, además de las fábricas de bebés con los úteros y placentas artificiales.

El sexo oral se había reducido a las variantes buco/vaginal, buco/anal y buco/pene artificial.

Estos penes sí eran fabulosos. No sólo de todos los sabores, olores, colores, formas..., así como del largo y grosor deseado, sino que podían vibrar y causar todo tipo de placeres según los gustos de cada cual y hasta eyaculaban tantas veces como uno quisiera sin perder la erección, por supuesto, como en aquellos tiempos del pasado. Obviamente, sin riesgo de embarazo ni de enfermedad alguna. En lugar de semen brotaban deliciosas cremas, jugos, las mezclas preferidas por uno u otro.

El caso es que a las mujeres también les comenzó a preocupar el asunto.

En tantos siglos donde se suponía que ni hembras ni varones se volverían a necesitar nunca más para otra cuestión sexual que no fuese la unión de algún espermatozoide con un óvulo, ¿a quién se le hubiese ocurrido pensar que las dos mitades de la humanidad se tuviesen que poner a debatir otra vez algún tema sexual de interés mutuo?

¿De veras sería tan grave el asunto? ¿O sólo era obra de algún científico que deseaba sobresalir?

La población mundial había decrecido constantemente con el paso del tiempo. Se interpretó siempre como otro símbolo de la modernidad. Los seres humanos podíamos decidr también cuántos queríamos ser. Varios milenios sin pobreza, sin hambruna, sin ninguno de aquellos males que tanto padecía la humanidad en la Prehistoria.

Si en algún momento se llegase a estimar que era conveniente aumentar la población, para eso estaban las "infalibles" fábricas de bebés.

¿Quién se iba a imaginar que este excelente invento podría llegar a fallar?

Tantos milenios de absoluta seguridad, tenían ahora completamente desajustados a cada habitante del planeta gay, quienes nunca habían experimentado sentimiento alguno de inseguridad, de incertidumbre respecto al futuro de la humanidad.

¿Cuántos habitantes quedaban realmente en el planeta?

La noticia de que no eran tantos como creían no preocupó mucho hasta que se divulgó la otra, a decir verdad, escalofriante: la humanidad corría el riesgo de extinguirse.

¿Cómo era esto posible?

¿Se regresaba a algo similar a los tiempos de temor por extermino como consecuencia de una guerra nuclear, en un mundo donde por milenios nadie había visto ni fabricado un arma de esas? ¿O a aquello que le llamaban efecto invernadero? ¿O a cuando por poco se extinguen los animales?

Siglos atrás, los laboratorios fueron reportando, primero que no quedaba espermatozoide alguno congelado proveniente de varones heterosexuales y luego tampoco de bisexuales, ni de activos ni de versátiles más activos que pasivos, ni de los algo activos, sucesivamente.

¿Por qué habría de preocuparle a alguien que no hubiese quedado célula alguna de aquellos seres humanos del pasado tan raros, que no eran gays como todos ellos?

Las reservas de espermatozoides estaban a punto de agotarse, luego de décadas en que no se lograban producir nuevos espermatozoides porque ya nadie eyaculaba”.

Luego de la larga pausa, aquella voz quizás de un varón o de una hembra (nunca pudieron ponerse de acuerdo en cuanto al sexo) prosiguió diciéndoles:

“¡Hijos míos!...”

- ¡Era mamá!

- ¡No! ¡Era papá!

Nunca supieron la verdad. Siempre discutieron sobre lo mismo hasta el cansancio.

A decir verdad, aquella voz pudo ser lo mismo de un hombre que de una mujer, luego de tantos siglos de evolución en que hasta esa diferencia, tan típica de antaño, igualmente se borró.

Tampoco estaban seguros de que proviniese de alguno de sus progenitores, si algún ser de aquellos tiempos podía llamarle así a alguien.

Como todos, ellos también eran el fruto de las fábricas de bebés y no tenían información alguna que les confirmara quiénes habían sido sus verdaderos padres desde el punto de vista genético.

“Ustedes son el maravilloso resultado de los dos últimos espermatozoides... La esperanza de salvación de la Humanidad... Tienen que lograr la erección del pene, la penetración vaginal y la eyaculación, tantas veces como sea posible..., hasta que el vientre crezca mucho y por la vagina salga al mundo un bebé, lo alimenten y cuiden... Repitan todo esto muchas veces... Llenen ustedes y sus hijos otra vez el planeta de seres humanos...”

Esto último se oyó como un susurro y la voz se calló para siempre.

Habían puesto tantas veces aquella grabación que ya se escuchaba muy mal, pero todavía se entendía. Aunque ni falta hacía. Ya no la volverían a oír.

Cuando ella ladeó su cabeza blanca como la nieve y dejó de respirar, él se orinó en la cama.

Aquella cosa sólo servía para eso. Tan parecido al clítoris de ella, pero ligeramente más pequeño, nunca aumentó de tamaño como aquellos de las imágenes del pasado, ni brotó de él otro líquido, ni menos aún pudo entrar en la vagina de ella.

No quedaba alguien en sitio alguno y dentro de muy poco ya no habría más nunca, nadie.

Autor: Jorge Enrique Ojeda Matías
jorge.ojedamatias@gmail.com