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lunes, 25 de julio de 2011

Pinguero (3)

(Fragmento de novela)

- Venga a ver, profe. ¡Apúrese!

El huesudo negro estaba mirando por una rendija de la puerta.

Al acercarse el aludido, agregó:

- Mire. Para que vea que ellos también descuartizan vacas. Si no ve bien por ahí, póngase aquí.

Le cedió su improvisado observatorio al profe.

- Tienen una res en el patio y cada uno ha ido cogiendo su pedazo, para llevárselo a su casa. Pero los delincuentes somos nosotros y no ellos.

- Sacrificio ilegal de ganado - comentó un joven rubio guajiro, subnormal, quien estaba allí, más por su muy bajo cociente de inteligencia, que por haber cometido de veras algún delito, al no saber contestar, lo que las autoridades le preguntaron. A falta de a quien acusar, cargaron con él. ¡Asunto resuelto!

- ¡Porque tanta culpa tiene el que mata la vaca, como el que aguanta la pata! - añadió otro, de los once hacinados en aquel angosto calabozo, previsto únicamente para cuatro detenidos y donde siete tenían que dormir en el suelo, algunos sentados, por no caber todos horizontalmente.

Mientras, por el pequeñísimo orificio, el profe trataba de ver algo de lo que sucedía en el patio del sectorial municipal de la policía de Florida, luego de un pasillo y un muro, en el cual también quedaban espacios, por donde divisar algo del ir y venir de los polis, añadiendo:

-¿Y qué ustedes creían? ¿Qué los policías son unos santos? ¿Qué la vida real para ellos es como en “Día y Noche” (refiriéndose al gustado policiaco nocturno dominical de la tele)? ¿Cómo van a comer, a mantener a sus familias, si no es violando también la ley? El salario no alcanza para nadie. Seguir vivo es la mejor prueba de haber cometido algún delito en este país, donde casi todo lo normal en el resto, acá es una transgresión.

- Pues no debiera ser así – dijo el rubio.

“Fronterizo, sí. Bobo, no”. Pensó el psicólogo.

Era el verano de 1996 y la crisis económica, rebautizada por el régimen como “Período Especial”, estaba en sus peores momentos. Muchos cubanos morían por desnutrición, que ya era casi igual a decir inanición o hambruna, acompañada de raras enfermedades, como las neuritis. Habían destituido a un Viceministro de Salud, por decir lo que era un verdadero secreto a voces, con proporciones de pandemia.

- Ojalá que usted, como ha estudiado tanto y es profesor de la universidad, cuando salga de aquí, pueda denunciar esto, hacer algo.

- ¿Y tú piensas que el Gobierno no sabe que todo esto es así? ¿O acaso alguno de ustedes aún se cree el cuento gastado de que Fidel no sabe lo que pasa? Él mismo se ha encargado de decir por la TV, varias veces, que sí se entera de cuanto anda mal y las cosas, en vez de mejorar, empeoran.

Aquellos desdichados, de peligrosos no tenían nada, sino la mala suerte de haber nacido en Cuba y procurar “inventar” para subsistir.

Contrario de lo supuesto en tales circunstancias, lo trataban con sumo respeto y entre todos se llevaban muy bien, sin ofensas, ni pleitos, como si estuvieran en una beca, lo que hacinados, en condiciones nada higiénicas, con más hambre de la normal, con un calor sofocante…

Las “literas” eran de concreto incrustado en la pared. Las de arriba casi pegadas al techo, con el espacio justo para entrar horizontalmente, sin poderse sentar, so pena de golpearse la testa con el techo, el cual estaba hirviendo durante el día y sólo muy avanzada la noche, refrescaba.

El profe era muy alérgico y los cinco días que estuvo allí, bastaron para que toda su piel se llenara de punticos rojos, necesitando luego toda una semana de recuperación y para lograr conseguir en qué trasladarse hacia el occidente, donde vivía y trabajaba.

Cada uno le había contado su vida, las razones por las cuales allí estaban.

También lo que sabían sobre los polis y los demás detenidos, en los otros dos calabozos igualmente abarrotados, con diecisiete hombres, donde la capacidad era para ocho. La cuarta celda era para las féminas.

Así supo, que había un enfermo hacía varios días, sin recibir atención médica alguna, ni ser aislado del resto, para evitar un posible contagio.

Igualmente, que en el calabozo del medio había un homosexual, a quien le apodaban “Sopita”, por cuanto al echarle saliva en el culo, para penetrarlo los demás, se producía un sonido similar al de los sorbos, mientras se toma la sopa. Se sospechaba que el tal Sopita tenía SIDA, por tanto, el resto se podría estar contagiando.

(Muchos años después, fue cuando supo, que en otros países, a los gays se les encierra aparte, para evitar sean abusados. O sea, en el “infierno capitalista” muchas cosas se hacían mejor que en aquel “paraíso socialista” donde vivían).
________

Ya daba igual ser catedrático, que médico, ingeniero, científico o artista. Las detenciones eran masivas, la represión había dejado de ser más psicológica, para destaparse abiertamente.

Por doquier estaban los “boinas rojas” de las tropas especiales, con un camión, cargando personas, hubiesen o no hecho algo indebido.

El asunto era intimidar más al pueblo, luego del “Maleconazo”, en plena crisis de los balseros, para evitar un levantamiento popular en masa por toda la Isla.

Radio “Bemba”, o sea, los rumores callejeros, no dejaban de traer nuevas noticias de personas inocentes detenidas, desaparecidas, muertas, incomunicadas, manifestaciones diversas de protestas populares espontáneas, en las guaguas, trenes, poblados, barrios, edificios…

En las calles, paradas de ómnibus, centros de trabajo… por doquier, los comentarios eran los mismos: “¿Te enteraste?”

Pero la dictadura no se desplomaba, ni el pueblo por fin se sublevaba.

El profe había ido, como cada año, de vacaciones a su natal Camagüey, pues sus padres vivían en la ciudad de Florida.

El transporte por ómnibus interprovinciales ya era casi nulo y el ferroviario estaba reducido al mínimo. Por tanto, no tenía otro modo de hacer el viaje, que en rastras o camiones de carga.

De regreso a La Habana, a escasas horas de arribar al esperado destino, en la madrugada del día lunes, 13 de agosto (para mayor casualidad, cumpleaños setenta de Fidel Castro), en el tramo de la autopista cercano a la ciudad de Jagüey Grande, en la provincia de Matanzas, unos policías se dedicaban a parar a cuanto vehículo pasase por allí.

El profe viajaba de gratis, sentado delante, en la cabina, pues un primo hermano suyo era uno de los dos choferes.

Estaba medio adormecido y confiado en que nada malo les pasaría, imaginando y soñando felizmente con lo poco que le quedaba, luego de tantos años de esmerado trabajo docente, metodológico e investigativo, para obtener par de títulos de Doctor en Ciencias (sería el primero y quizás por mucho tiempo único en tener dos), cuando les pidieron a todos que se bajaran.

En la cama del camión habían detectado un maletín con varias libras de carne de res.

Como ninguno de los dieciocho ocupantes dijo ser el propietario, los uniformados decidieron detenerlos a todos y encerrarlos en el sectorial municipal de la policía de Jagüey. Los llamaban uno a uno para preguntarles algo.

Aunque lo establecido era que los dejaran allí, esa misma mañana, custodiados, los retornaron a todos a la camagüeyana ciudad de Florida.

Según supo después, estos súper inteligentes habían concluido, que los delincuentes eran su primo y él. O sea, el primo transportaba ilegalmente carne de res, desde las agramontinas llanuras a la capital, para que él, residente en Centro Habana, la revendiera.

El profe les había preguntado a todos, tratando de saber de quién era el maletín de sus desgracias, pero al parecer ninguno de aquellos hombres lo sabía. Y así era. Sólo al quinto día se supo, porque una de las dos únicas mujeres del grupo confesó ser la propietaria del cuerpo del delito. Ellas eran las menos sospechosas y a la vez las únicas que sí sabían de quién era el maletín y cómo había llegado a la cama trasera de la rastra.

Como la partida de Florida tardó horas, en lo que iban arribando quienes viajarían aquella inolvidable noche, cada cual iba colocando en la oscuridad, su equipaje.

Pero el paquete del futuro problema no lo habían subido ellas, sino unos hombres que las acompañaron hasta la calle frente a la casa del primo del profe, donde estaba parqueada la rastra.

Así fue como ninguno de los hombres se percató de quién había colocado allí el maletín de marras. Algunos ni siquiera estaban presentes. Era lógico que nadie supiera, ni los choferes, quién era el dueño de lo que les causó luego tantos dolores de cabeza.

Después de esto, cada vez más personas le contaban lo sucedido a familiares o conocidos suyos, igualmente víctimas de abusos, atropellos, represiones.

Lo acostumbrado era incomunicar a los detenidos. No informar a sus parientes, amigos o vecinos. A veces esto se prolongaba meses y los allegados, angustiados, al dar por desaparecido a su ser querido. ¿Derecho a hacer una llamada, como en las películas o a recibir visitas? ¿Inocente hasta tanto se demuestre lo contrario? ¡Pamplinas!

Pero en Florida todo se sabe. Alguien se va de lenguas. O alguno de los empleados de la “justicia” se compadece ante tanta arbitrariedad y abuso. O entre ellos hay algún vecino, pariente, amigo. Para colmo de males, Pedro su condiscípulo de la primaria y de la vocacional (la mejor del terruño), quien era allí uno de los jefes, estaba también de vacaciones. Por tanto, el “sociolismo” salvavidas no funcionaría. Aunque alcanzó a decirle a un señor, el cual trabajaba en la recepción, quiénes eran sus padres (muy conocidos allí por todos, al haber trabajado ella en tiendas y él administrando en la gastronomía , luego de que el Gobierno los despojara de todas sus propiedades) y dónde vivían, o sea, frente al cuerpo de guardia del hospital principal, con un negocito muy concurrido, por vender refrescos, café y aún entonces, gran variedad de ofertas para merendar y comer (las cuales luego casi se extinguen, ante el cúmulo de nuevas prohibiciones fidelistas).

El caso es que los familiares se fueron enterando y gestionando para obtener su liberación.

Mas fue un jefazo quien ordenó ponerlos en libertad, al día siguiente, luego de visitarlos el jueves en la tarde, con el doble argumento de que necesitaban tener aquello lo más vacío posible, para volverlo a repletar el fin de semana y su supuesto disgusto porque sus subalternos tenían allí a tanta gente, sin levantarles cargos, sin tomarles declaración, sin iniciar proceso alguno, sin evidencias concretas de algún delito cometido por cada cual.

En el caso de nuestro personaje central, por lo visto, era muy normal para estos sujetos en ambos imperios de la mediocridad, que un catedrático con varias especialidades, maestrías y dos tesis de doctorado terminadas, listas para defender (pues cuando lo interrogaron tuvo que narrarles a qué se dedicaba), se ocupara de revender carne en La Habana. Muy sabia deducción. Tal vez si el psicólogo, ahora reo, la llevara a alguno de los eventos científicos, a los cuales solía acudir, hubiese sido premiado, con tal aporte inobjetable al conocimiento humano.

De facto, a este señor a quien aquí le llamamos simplemente el “profe” (como le dirían luego sus compañeros de calabozo, no acostumbrados a compartir sus desgracias con gente floridana tan ilustrada), se le quitaron las ganas de defender sus tesis, de seguir siendo profesor o investigador y se reforzó en él, el ya grande deseo de escapar, de aquella inmensa cárcel, con rejas de mar, en que se había transformado su Patria.

Sin embargo, todavía estaba bastante lejos de lograrlo. Peor aún, en la larga y dantesca odisea hacia su plena realización, le aguardaban insospechadas visitas al “purgatorio”.

(continuará)

Ver

Fragmento 1

Fragmento 2


Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela Pinguero es la primera de una trilogía. Le siguen MA CONCEPCION y MATIAS.

jueves, 14 de julio de 2011

MATIAS (3)

(Fragmento de novela)

Matías no lo pensó dos veces y, con tal de evitar problemas, echó a correr lo más rápido posible, por todo el frente del edificio, hacia la esquina, con la intención de arribar, cuanto antes, a su auto, el cual estaba aún más lejos, estacionado al final de la cuadra, por el costado.

Pero el agresor lo siguió y lo alcanzó. Pese a ser unos 15 años mayor, la costumbre de realizar diariamente ejercicios físicos, en trabajos duros, le hacía confiar en su mayor fortaleza para enfrentar a su víctima, más aún con el palo largo que había agarrado, con el ciego deseo de magullarlo sin piedad.

Como el viejo acortaba distancia y era obvio que Matías no podría huir en su coche, buscó desesperadamente algo, con lo cual defenderse de su perseguidor, evitando que aquel fornido hombre lo golpeara, pues con lo furioso y empecinado que estaba, no dudaba del grave peligro, en el cual se hallaba. Hasta temió por su vida o quedar con secuelas, de la tunda que parecía inminente.

Por muy pacífico que Matías siempre había sido y acostumbrado a estar entre catedráticos, estudiantes, intelectuales, personas selectas, que no habrían nunca intentado causarle daño físico alguno, el cambio de país, de medio, el verse obligado a trabajar, en lugares donde se halla todo tipo de gente, significaba un riesgo que cada cubano inmigrante tenía que correr.

En cuestión de minutos, la cosa se había complicado.

Se percataba de que, por vez primera, vivía en carne propia, lo que representa padecer la violencia, la cual hasta ese momento, sólo había visto por televisión o en filmes.

No había ni tiempo para pensar, ni posibilidad de escapar, ni de que aquel sujeto lo dejara en paz; ni de que nadie le defendiera o protegiera e interviniera, como es típico en esta otra nación, al revés de en nuestros países latinos.

Alcanzó a ver un objeto en el suelo, cerca de la pared. Parecía también un palo, pero era una pala. Algún techero la había dejado allí en el parqueo, pues desde hacía algunos días, estaban haciendo reparaciones en el warehouse.

La agarró desesperadamente y, casi sin fuerzas por lo agotado, asustado y temeroso ante tanto peligro imprevisto, intentó usarla para mantener alejado al agresor, moviendo horizontalmente el, en ese instante para él, pesadísimo instrumento.

Pero en cuanto realizó el primer movimiento de la pala hacia la izquierda, el otro, que ya estaba casi encima de él, aprovechó para golpearlo con el palo fuertemente, en el antebrazo derecho.

Matías sintió el dolor y logró mover la pala hacia su diestra, consiguiendo así mantener alejado, por unos segundos, a su pertinaz victimario.

Mas, al volver a menearla hacia la izquierda, el otro aprovechó para repetir el golpe.

Fue entonces cuando Matías, más ágil de pensamiento, que de movimiento, creyó mejor desplazar la pala verticalmente, para impedir con éxito, que su agresor se le encimara, so pena de recibir un golpe.

Sin embargo, una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero.

El viejo, alentado por el par de contundentes golpes asestados a su rival, supuso que acercándosele más, descargaría uno de mayor efectividad, en la cabeza y efectivamente, así hizo y lo logró.

No obstante, le costó caro, pues como sucedió tan rápido, con el cambio de horizontal a perpendicular de Matías y su osadía de acercársele lo más posible, lo llevó a que la pala le cayera sobre la testa, ocasionándole de inmediato una muy sangrante herida. La parte metálica y cortante del artefacto, se encargó de ello.

El más sorprendido fue el propio Matías, pues por su mente nunca pasó aporrearlo y menos aún herirlo, ni lo había intentado, al contrario del otro, que no conforme con los hematomas y el rojo líquido, que ya emanaba del antebrazo derecho de Matías, le sacó más sangre con el golpe en la cabeza.

El instrumento, devenido arma defensiva, (si bien trastocada luego, por obra y gracia de nada menos que la autoridad, en presuntamente ofensiva y mortal arma, para perjuicio de la inequívoca víctima, al ser usada como manipulada evidencia en su contra, como se verá), se quebró en dos pedazos y Matías perdió el equilibrio, ya sin fuerzas, cayendo al suelo, cosa que aprovechó su agresor, para seguirlo apaleando e hiriendo en la cabeza.

Repentinamente, llegó un policía negro, quien sólo hablaba inglés y, como en las telenovelas, sin indagar, ni pensarlo dos veces, esposó a Matías, al ver el rostro ensangrentado de su oponente...

(continuará)

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Fragmento 1

Fragmento 2

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela, han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MATIAS es la última de una trilogía. Le anteceden Pinguero y MA CONCEPCION.

miércoles, 29 de junio de 2011

MA CONCEPCION (3)

(Fragmento de novela)

- Desde que te vi entrar, me dije:

“Es él. Tal y como me lo recetó el médico”.

Se sonrió y añadió:

- Le pedí tanto a Dios hallar al amor de mi vida, a un buen hombre y por fin mi sueño se ha hecho realidad.

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El Aula Magna de la Universidad de La Habana estaba repleta.

La inauguración del Simposio, prevista para dos jornadas previas, por fin se produjo, pero el día y hora en que estaba prevista su clausura, según lo originalmente programado.

Tal parecía que el evento sería cancelado.

No pocos visitantes de otros países, debieron marcharse sin lograr participar, al no poder posponer su vuelo, por tener que retornar a sus empleos.

Y es que en esa isla cualquier cosa puede suceder.

El Presidente (o dictador, según se refieran a él sus partidarios o detractores) sin ton ni son, de modo completamente imprevisto, declaró feriado el día en que debió ser la apertura.

El argumento: “para que el pueblo pudiese ver por la TV, la importante sesión parlamentaria”.

Pero en la siguiente jornada hizo lo mismo.

Por tanto, lo lógico era pensar que aquella reunión de psicólogos, de tan corta duración y preparada con tanto sacrificio para los anfitriones, estaría condenada al fracaso.

Mas el Comité Organizador hizo ajustes y lo que debió durar tres días con seis sesiones, se redujo a la mitad: día y medio con tres sesiones.

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El calor era tan sofocante, que llegó sudando. Todos ya estaban sentados, aguardando las palabras del Rector y él fue el último en acomodarse en la fila del fondo.

Ella no le perdió ni pies ni pisadas y se dijo: “No está mal. Este cubanito pudiera ser el prefecto. Es guapo además. Se ve bien”.

Y con su histerismo habitual, hizo lo debido para que sus acompañantes, no dudaran de su interés por el recién incorporado.

El resto no le fue en nada difícil: fingir pobreza, enamoramiento, desdicha y todo un mar de trucos y embustes para, primero inspirar lástima y, luego, atrapar a su presa.

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“Me ha salido todo mucho mejor de lo calculado. Se tragó por completo lo de que soy pobre y todo el paseo con ellos me ha salido gratis, las comidas, los “mojaditos” o mojitos (no acabo de aprenderme bien el nombre de ese coctel.

“Indudablemente, de todos los que he conocido aquí, este es el más noblón y el más afín con mi imagen de señora culta y acomodada. No lo puedo dejar escapar”.

- Sí. Pregúntale a ella si no se lo comenté en el hotel, que tú eres tal y como me lo recetó el médico”.

Y ambos se rieron.

Aunque ella, observándolo, meditaba: “Veremos cuánto te dura esa dicha, una vez que ya estés en Acapulco conmigo”.

(continuará)

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Fragmento 1

Fragmento 2

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela, han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MA CONCEPCION es la segunda de una trilogía. Le antecede Pinguero y le sigue MATIAS.

miércoles, 28 de enero de 2009

Pinguero (2)

(Fragmento de novela)

Desde niño le gustaban los juegos sexuales. Cuando pequeñito, entre todos, hembras y varones, se besaban, abrazaban, tocaban, etc. como veían en las películas o simplemente como creían que eran estas cuestiones entre los adultos, según lo habían presenciado o como alguno decía que sabía eran esas cosas.

Pero no se le olvidaba aquella vez que su hermano mayor, su primo y su prima, debajo de una cama, se pusieron a jugar a eso. Le decían que se incorporara, pero no quiso. Sintió temor. Quizás institntivamente presintió que si los adultos no querían que ellos jugaran de esa manera, no debía correr el riesgo. Era lo prohibido y a la vez encantador, cual imán que atrae o repele poderosamente.

Y de buena se salvó. Su tío menor, quien era apenas un adolescente, se acostó debajo de la otra cama, como solía hacer por las tardes, dado el sofocante calor veraniego santiaguero. Al poco rato se levantó y le fue con las quejas a sus hermanos y cuñadas, quienes de inmediato les dieron tremenda paliza a los implicados, en medio de gran escándalo.

Tuvo que repetir muchas veces que él no estaba jugando con ellos y su tío lo confirmó. De lo contrario, en sus muslos, nalgas, brazos y cualquier otra parte de su cuerpo, habrían quedado bien visibles, las huellas de los golpes dados por aquellos encolerizados adultos, de una época en la cual todavía las personas mayores en Cuba no poseían una adecuada educación sexual, ni la ciencia había avanzado tanto, como para que ellos supieran que los menores estaban haciendo algo muy normal para su edad y que con algunas explicaciones sencillas bastaban, en vez de prácticamente traumatizarlos.

Fue entonces cuando se percató que era menos riesgoso tener juegos sexuales entre quienes tienen algo colgando en las entrepiernas. A ellas siempre les estaban recordando: "las hembras no juegan con los varones". En esa película a los del llamado sexo fuerte les tocaba ser los malos.

Como éran machos, no constituían mucha preocupación para sus progenitores y podían estar mataperreando, jugando pelota, fútbol u otro deporte de moda o a las bolas, al escondido, al agarrado, dominó, cartas, ajedrez, damas, parchís, a la bolita, al trompo y a cuanto se les ocurriese, mientras no estuviesen jeringando.

Pero aquellos juegos, de tan exitantes y cautivantes por el mágico toque de los "no se puede", se fueron convirtiendo en inequívoca adicción, sabiendo con absoluta claridad con quienes sí y con quienes no, cuándo, dónde y cómo eran las cirunstancias propicias para tener las erecciones, rozarse los penes, sin sacarlos de las portañuelas o entrando en contacto directo con el del primo, vecino o amiguito de la escuela, hasta que llegó el momento en que parecían mearse de tanto placer.

Las lecturas clandestinas de algunos libritos pecaminosos bien escondidos en el escaparate de su abuela paterna y deducciones obtenidas de las clases de biología sobre la reproducción, le permitieron rectificar el error de confundir el orine con el semen. "¡Ya meaba dulce!" como decían los adultos para referirse a este de tantos tabúes. Hasta algún que otro muchacho llegó a probar lo excretado por su meato para saber si seguía siendo amargo o ya no.

Su miembro viril había crecido mucho más que el de los otros de su edad y hasta era bastante mayor no sólo que el de otros adolescentes y jovencitos, nacidos varios años antes, sino que empezó a percatarse que los adultos también la tenían de menor tamaño que la suya. Sus padres se sentían orgullosos de aquello., pasando a ser comentario frecuente entre tías y tíos, primas y primos, quienes le miraban con disimulo esa parte de su anatomía.

Por supuesto que tuvo que dejar de usar pantalones cortos, pues se le salía por debajo. Y los largos, con la moda, eran muy ajustados al punto de marcarse a un costado del muslo cuan larga y gruesa era su atractiva verga, incluso en estado fláccido, sin erección.

(continuará)

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Fragmento 1


Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela Pinguero es la primera de una trilogía. Le siguen MA CONCEPCION y MATIAS.

domingo, 18 de enero de 2009

MATIAS (2)

(Fragmento de novela)

Al fin estaba en la frontera. Era de noche y, al mirar hacia el norte, veía un infinito mar de luces.

Los desactualizados mapas, desinformaban con los símbolos de ciudades, cuya población era menor de lo constatado al llegar allí, pues Reynosa debía rondar el millón de almas y su par del lado americano (Mc Allen y sus alrededores) parecía mayor aún, quizás con menor densidad.

Era emocionante saber, que estaba a unos pasos del país en el cual, muy poco tiempo atrás, ni soñaba vivir en él.

En unos meses, el deseo de acabar de dar este decisivo paso, se había ido apoderando de todo su ser y estaba a punto de lograrlo.

¿Sería verdad que no le sucedería nada malo?

Sentía una rara mezcla de temor, incertidumbre, nostalgia y alegría.

No obstante, había decidio pasar al otro lado al día siguiente y esa última noche la dedicaría a caminar un poco por el zócalo, algunas calles comerciales, conocer algo de la ciudad, recuperar energías (descansando ya entrada la madrugada, en la habitación del hotelito donde rentó) y en la mañana compartir un rato con sus amigos mexicanos, para a la vez oír sus experiencias, opiniones, consejos sobre el paso tan importante a dar, en unas horas.

Al día siguiente, durante el almuerzo, supo como hay cubanos quienes, por ignorancia, en vez de pasar el río Bravo o Grande caminando por el puente, se lanzan a nado o le pagan a algún dueño de bote, para que los crucen, de tal manera que, pudiendo ingresar legalmente, lo hacían de modo ilegal, siendo detenidos, encarcelados, citados a corte, pagando fianza, abogados, etc. innecesariamente.

Se despidió de su amiga y antes de regresar al hotel, su amigo lo llevó a una pequeña y cercana plaza aledaña a uno de los puentes, por donde pretendía precisamente pasar al otro lado. Le echó un vistazo a todo el lugar y le pareció muy seguro. Pudo hasta ver la larga fila de autos y a algunos peatones por la acera, comprobando así hasta el más mínimo detalle, de cuanto le habían descrito que le sucedería, en pocos minutos, a él mismo.

Su amigo le dejó en la puerta del hotel. Se bañó y cambió de ropa rápidamente. Terminó de colocar cada cosa en su lugar, en su ligero equipaje (par de mochilas y un portafolios). Se dio ánimos a sí mismo y tomó un taxi para recorrer en breve las escasas cuadras hasta el punto fronterizo.

El taxista le pidió una cantidad excesiva, justificándose con tener una prole numerosa. Pero le pagó con gusto y hasta le dio casi todo el menudo que llevaba en el bolsillo.

Sin perder tiempo, caminó hacia el puente y vio el torniquete, donde depositó los dos pesos mexicanos, con lo cual ponía fin a poco más de 18 meses, plagados de contratiempos, con algunas corruptas autoridades migratorias, totalmente irrespetuosas de la Constitución y las leyes de ese país.

También se llevaba muchos buenos recuerdos, gracias a las excelentes amistades, que hizo en la tierra de los aztecas o ya tenía desde cuando vivía en Cuba.

Mas todo su ser se concentró en avanzar hacia ese esperanzador futuro, representado por el estar caminando por la acera de aquel puente, en dirección a las oficinas migratorias norteamericanas, las cuales se divisaban en la otra orilla, a escasas dos cuadras. Fueron par de minutos muy largos, con emoción creciente y repletos de fe.

¿Qué tal le iría en la actual mayor potencia económica mundial, en el "monstruo", ese gran país autoproclamado modelo de democracia, libertad y respecto a los derechos humanos?

¡Cuán lejos estaba, de sospechar la escasa duración de aquel cuento de hadas, en el cual creía cándidamente estar entrando, para ser uno de sus felices protagonistas!

(continuará)

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Fragmento 1

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela, han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MATIAS es la última de una trilogía. Le anteceden Pinguero y MA CONCEPCION.

jueves, 8 de enero de 2009

MA CONCEPCION (2)

(Fragmento de novela)

- Necesito que me acompañes un momento al apartamento.

En pocos minutos, le hizo saber los motivos de su preocupación. Su esposa, desde hacía varios días, estaba comportándose de manera muy misteriosa, como no solía hacer antes. Se iba desde temprano y no regresaba hasta tarde. La criada siempre respondía que no sabía nada, a pesar de ser uña y carne, con sus constantes cuchicheos, cual par de viejas comadres.

- Ya estoy terminando aquí en el hotel. Te llevo en el Vocho y eso me servirá de pretexto, para saludar a la sirvienta, comprobando lo que me dices.

De la contemplación del hermoso paisaje de esa bahía, tan vista en las películas y la tele, pasaron a recorrer parte del Acapulco Dorado, donde se levanta el hotel Playa Suits, junto al ultramoderno y bellísimo Crown, convertido en símbolo del cálido balneario. Fueron construidos como un solo complejo, antes de los dueños deshacer la asociación.

Dejaron la concurrida Avenida Costera, con sus elegantes y altos edificios, para internarse en la colonia.

Poco después de llegar al cómodo apartamento de dos recámaras, ubicado en el pequeño edificio de apartamentos rentados, propiedad de MA CONCEPCION, le dijo a su amigo:

- Tienes razón. Algo raro está pasando aquí. Debes cuidarte mucho, porque me huelo que no es nada bueno.

Acercándose otra vez a la cocina, dijo en voz más alta:

- Prepara un poquito aparte, sin chile, para que el don también pueda comerlo y no le haga daño.

El almuerzo no estaba terminado todavía, a pesar de que ya eran pasadas las cuatro de la tarde. No obstante se comieron un poco de frijoles con arroz. Mientras, pensaba cuán difícil le estaba resultando a su amigo adaptarse, hasta en algo tan elemental como la alimentación. Su hernia hiatal, gastritis y esofagitis crónica, no se llevaban bien con el exceso de picante de la comida mexicana y, en las mucosas de su boca, se alcanzaban a ver algunas pequeñas ulceraciones, como claro síntoma de un verdadero iceberg digestivo.

- Yo creo que ella lo está haciendo intencionalmente, para que regreses a Cuba o te vayas para USA, en fin, te canses de todo esto. Te enamoraste de la mujer equivocada y lo peor es que te casaste con ella. Obviamente, MA CONCEPCION no es la persona que creíamos.

- ¿Imaginas cómo me siento?

- En la mañana visítanos y almuerza con nosotros en la miscelánea. Sé que te gusta más nuestro menú binacional cubano mexicano. Pobre, pero hecho con corazón. Así podremos hablar más libremente. Sabes que a mí tampoco me va nada bien con mi mujer y sus celos.

Se miraron fijamente, con esa ternura inequívoca del enorme afecto que sentía el uno por el otro, en su ya larga y gran amistad, entremezclada con recíproca compasión, como si se acariciaran y apretaran, sin tocarse, para darse ánimos, pues a ambos les iba muy mal en sus respectivos matrimonios, aunque por razones muy diferentes. La vida como emigrantes en el país azteca, estaba transcurriendo asemejándose muy poco a lo imaginado y esperado.

(continuará)

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Fragmento 1

Fragmento 3

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela, han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MA CONCEPCION es la segunda de una trilogía. Le antecede Pinguero y le sigue MATIAS.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Pinguero (1)

(Fragmento de novela)

- Seguramente se puso un "mata pasiones" de esos que ya casi no se usan. ¡Vamos a virar pa' trás para volvérsela a ver!

- Eso no puede ser de verdad. ¿Será un relleno?

- No, chica. Mira que eres boba. Estos cubanos sí se mandan... Lo mismo negros, rubios, mulatos, chinos, trigueños, jabaos, indios, coloraos... Y este chinito engaña. Tienen fama de tenerla corta, pero este ya está mezclado y de entre sus piernas te encuentras con el muñecón de sorpresa, jajajajaja

- ¡Ay, mi amiga! ¡Si me empatara con uno así qué feliz sería! Este se ve bien machote y ricote.

Las tres locas continuaban yendo y viniendo de un lado a otro por la acera del Malecón. Al principio miraron con disimulo al solitario hombre joven que se había convertido en el tema central de sus pláticas e ilusiones.

Era de veras muy buen mozo y sobre todo, superdotado en aquella parte de su anatomía más deseada por los homosexuales.

- La tiene parada.

- ¡No mija! ¿Te imaginas? Si muerta le mide como 20 centímetros, cuando se ponga dura....

- Una vergota así debe doler...

- Esta mexicana se hace la inexperta. Seguro te las has metido más grandes y gordas.

- ¡No! ¡Qué va! ¡Pa' la chingada! ¡Hijueputa!

- Yo estoy acostumbrada a esas mandarrias. Mientras más grandes y gordas, más sabrosas. Y esa la voy a tener dentro también o me dejo de llamar Susy.

- Vamos Susano, no creo que el tipo sea pinguero como dices. Ni nos mira.

- Ya yo lo he visto otras veces aquí con algún "yuma". Y tú sabes muy bien que esta zona del Malecón, frente a la FIAT, es donde todos los extranjeros vienen a buscar pingueros y jineteras aquí en La Habana.

(continuará)

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Fragmento 2

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela Pinguero es la primera de una trilogía. Le siguen MA CONCEPCION y MATIAS.

lunes, 8 de diciembre de 2008

MATIAS (1)

(Fragmento de novela)

La sangre le brotaba de la cabeza como un manantial, pero ello no impidió que el otro continuara golpeándolo, a pesar de que el herido ni se defendía.

Ninguno de los presos intervino, dijo o hizo algo por separarlos, por evitar aquel enfrentamiento, a todas luces desigual. Todo sucedió tan rápido. Nadie se quería buscar problemas.

MATIAS sabía, que una intromisión en algo así, podía hasta costarle la vida, pero estaba en juego la de un ser humano, de continuar la golpiza. Y para el otro empeorarían las cosas, si algo grave le ocurría al hispano.

Tanto el haitiano como el mexicano, parecían muy buenas personas. Pero allí estaban, igual que MATIAS. A ambos les había tomado aprecio y temía por los perjuicios, para los dos, que aquella riña pudiera causarles.

Fue entonces cuando no lo pensó dos veces e intervino:

- ¡No le pegues más! ¡Mira cuánto está sangrando! You are a good man! Please.

Y el negro se contuvo. Fue como si hubiese estado ciego y de pronto recuperara la visión. O el retorno a la cordura, luego de esa especie de locura instantánea, descrita en los manuales y tratados de psiquiatría o psicología clínica.

Los carceleros, como en otras ocasiones, no se apresuraron. Tal parece que les da igual que se maten.

A pesar de todo, MATIAS estaba feliz. Quizás logró salvar una vida y evitarle sanciones mayores al agresor.

Dios sabe lo que hace - pensó -. Tal vez por eso me ha colocado en este infierno, que inmerecidamente estoy vivendo.

(continuará)

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Fragmento 2

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela, han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MATIAS es la última de una trilogía. Le anteceden Pinguero y MA CONCEPCION.

jueves, 20 de noviembre de 2008

MA CONCEPCION (1)

(Fragmento de novela)

Cuando la inscribieron, nadie sospechó los inconvenientes futuros, del errorcillo de no poner las cinco letras, del virginal primer nombre con el cual la bautizaron.

Ahorrativo o descuidado, lo cierto es que, hasta los signos de puntuación, brillaron por su ausencia y en lugar de María, como pronunció claramente Doña Ofelia, su progenitora, o Ma. según dice la Academia ser su abreviatura, quedó plasmado en el Registro Civil otra cosa, conocida en nuestra castiza lengua como monosílabo. O sea, casi arribando al medio siglo de su existencia, se enteró de su verdadero nombre: MA y no María.

Su enojo fue incontenible: "Esos burócratas cubanos quieren saber más que yo cuál es mi nombre. Para ellos no soy María sino MA", le contaba a sus amigas, ya con alguna sonrisita al correr del tiempo, mientras degustaba complacida algún manjar, a la vez imaginando cómo se tragaría, cual fácil bocadillo, al tonto pobretón de su marido.

- "Sí, tal y como oyen: MA, Eme A" - añadía, regresando a la realidad de los olores y sabores del restaurante VIP, de la concurrida avenida Costera, de aquella hermosa bahía.

Las cejas arqueadas, delataban los profundos y abundantes surcos, de aquellas frentes acostumbradas a las buenas cremas, para las enfermedades del alma (naque) y combinadas con las bocas de trasero de gallina, completaban el incrédulo y asombrado rostro del diminuto auditorio, ávido de los pormenores de lo acontecido, a quien se había atrevido a emprender un proyecto, aún quimérico para las otras.

Gastó más dinero del habitual y sobornó a cuanto se aprovechó del asunto, en pro de lograr en todos los papeles solicitados, para su maquiavélico plan matrimonial, la coincidencia con el mutilado MA CONCEPCION de su acta de nacimiento y suprimir la tríada formada con sus, a todas luces preferidos, María Concepción y Ma. Concecpión. Su futura víctima luego se preguntaría, con cuál de las tres se había casado y hasta quizás ellas fuesen más. La pequeñez de un trío era demasiada para ella.

Lo mismo le sucedió para acreditar su soltería. Ninguna cantidad de dinero parecía suficiente para conseguir plasmar en los papeles "oficiales", lo exigido por la Consultoría Jurídica Internacional de La Habana y varios viajes a San Marcos (su natal ciudad), Chilpancingo (la capital del Guerrero Estado) y gestiones en la propia Ciudad y Puerto de Acapulco, el paraíso terrenal donde vivía esta verdadera bruja, escapada de algún cuento de Hadas, ante la cual, las ficticias villanas de las telenovelas, parecían niñas de teta.

(continuará)

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Fragmento 2

Fragmento 3

Nota: Basada en hechos reales. Los fragmentos de esta novela, han sido tomados directamente del manuscrito original. No necesariamente coinciden en orden con él y pueden diferir un poco de la edición impresa. La novela MA CONCEPCION es la segunda de una trilogía. Le antecede Pinguero y le sigue MATIAS.

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Fundador, Propietario y Presidente de Ojeda Multiservices Corporation (OMC), Rector de la UVI, Master en Educación Avanzada y excatedrático de la Universidad Pedagógica de La Habana "Enrique José Varona". Licenciado en Educación (equivalencia de Bachelor in Sciences of Education in USA). Especialista en Pedagogía, Psicología, Creatividad, Dirección turística, Opinión Pública y Medios de Comunicación.

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